16 de julio de 2018

Sobre el libro "Tehuelches, danza con fotos" de Osvaldo Mondelo



La región patagónica fue siempre un escenario enigmático. Desde la expansión europea hasta las conquistas nacionales argentina y chilena, el cono sur del continente americano atrajo a exploradores, avanzadas militares, científicos y aventureros que con intereses diversos se apoyaron en los pueblos nativos para sobrevivir en una geografía hostil pero también para realzar al heroísmo sus experiencias de viaje. Cuando en el siglo XIX la fotografía empieza a ser un instrumento más o menos accesible para estos expedicionarios, las cámaras y sus documentos se volvieron testigos eternos de lo que los autores no pudieron dominar al momento de tomar una fotografía.
La investigación documental y análisis del periodista Osvaldo Mondelo en su libro Tehuelches, danza con fotos, devela gran parte de esos elementos que en primera instancia están ocultos, pero que con la comparación iconográfica, el paso del tiempo o la interpretación del momento histórico de la segunda parte del siglo XIX y principios del XX, adquieren fundamentos historiográficos para conocer el devenir de este pueblo que persiste en la vida de la Patagonia.    
Tehuelches, danza con fotos de Osvaldo Mondelo.
Son testimonios bajo el molde ideológico del positivismo. Entonces abundan las puestas en escena y también la dramatización de prejuicios que tenían los autores. La fotografía estaba al servicio de una flamante ciencia antropológica que proponía la jerarquización de sociedades europeas sobre el resto. En ese contexto se entiende la fascinación por la documentación de datos antropométricos y en cuanto específicamente al arte fotográfico, los primeros planos de frente y costado como un registro taxonómico de un pueblo bárbaro en territorio salvaje. 
A diferencia de los dibujos que fueron anteriores al registro fotográfico (desde el siglo XV hasta la primera mitad del siglo XIX), los elementos involuntarios de los autores y también de los protagonistas de las fotos dejan un gran espacio para que aparezcan las condiciones de existencia del pueblo tehuelche pero por sobre todas las cosas las condiciones de producción del documento fotográfico. Ya no se trata de pensar en el mito del gigantismo que Pigafetta, Fitz Roy o John Byron propusieron como verdad esencial y maravillosa de esta región del mundo, sino el paso de la cultura tehuelche hasta la reducción de sus prácticas por el avance de la economía ovina, el alambrado o las consecuencias del alcohol.
Sinchel, fotografiado para la exposición de Saint Louis en 1904.

¿Qué pasaba en Patagonia hacia fines del siglo XIX?
Tras las guerras de independencia y civiles de organización nacional, los estados argentino y chileno dieron inicio a la disputa por las zonas australes. La expansión del capitalismo a tierras habitadas por pueblos nativos tuvo dos etapas claramente diferenciadas. Primero, utilizó a pueblos como el tehuelche como aliados militares para contrarrestar la expansión del país vecino. Una vez, más o menos fijadas las fronteras de sendos estados nacionales, los habitantes patagónicos nativos se volvieron un problema: la instalación de estancias dedicadas al ganado ovino era incompatible con el espacio natural y nomadismo de los tehuelches. El alambrado fijaba la propiedad privada de un territorio que se había vivido hasta ese momento de forma comunitaria.
El autor Osvaldo Mondelo lo narra así:
“Cuando la fotografía llega a la Patagonia, a fines del siglo XIX y principios del XX, el pueblo tehuelche está en un proceso de disgregación. El reloj de la transculturización ha iniciado el conteo regresivo, como consecuencia de la apropiación de la tierra, la explotación ganadera, el intercambio comercial, la venta de alcohol, las enfermedades y el desamparo jurídico”.[1]
En la primera etapa, caciques como Sayhueque o Casimiro Biguá fueron retratados con los uniformes militares de época y su autoridad de hecho y grado militar aseguraban la presencia –al menos ficticia- del estado nacional. Osvaldo Mondelo lo explica:
“En la disputa por el espacio territorial, tanto los gobiernos de la Argentina como los de Chile celebran acuerdos comerciales con caciques y capitanejos, otorgando cargos militares, sueldos, alimentos, a cambio de la portación de símbolos patrios”.[2]
Grabado de Juana y Casimiro Biguá con uniforme militar y ostentando su grado de coronel que le aseguraba al estado argentino posicionarse en la Patagonia.

Para la segunda etapa que marcamos más arriba, la caracterización descriptiva y la fotografía de los tehuelches mudará a las nuevas necesidades políticas de un estado nacional que se consagraba como la garantía del progreso capitalista y por tanto del minúsculo engranaje que estos países ocupaban en la división internacional del trabajo. Argentina y Chile, de la mano de sus clases dirigentes, tenían claro el papel que les correspondía: aportar materias primas a los países centrales e industrializados.
Entonces, en el nuevo contexto, los pueblos tehuelches pasaron a ser un obstáculo al avance de la propiedad privada. La difusión tecnológica del alambrado atentó con una de las prácticas culturales propias del mundo tehuelche: el nomadismo y la vivencia de un espacio natural con carácter esencialmente comunitario y sujeto a pactos entre los mismos pueblos que tenían el mismo peso de lo que actualmente conocemos como acuerdos diplomáticos: la violación de un determinado territorio de caza era igual a una declaración de guerra.
Las consecuencias de semejante cambio en la experiencia cotidiana del extenso espacio patagónico fueron brutales, tanto en el modo de vida pero también en el registro fotográfico que servirá para sustentar el nuevo discurso ideológico de las clases dirigentes y sus medios de comunicación gráficos o instituciones científicas de la época:
“Afianzado el latifundio patagónico y establecidos en forma permanente los delegados administrativos del Estado nacional, la fotografía acompañará la concepción que impone el nuevo modelo ideológico del desarrollo capitalista. Mostrará un perfil negativo de los tehuelches: un pueblo bárbaro, nómada, cazador de guanacos, ladrón de ovejas, borrachín, de escaso interés cultural, que no dejó grandes obras como las legadas por los incas. Un estorbo para los estancieros, un obstáculo para el progreso”[3], describe Mondelo.
Por supuesto, es el capitalismo el pilar explicativo de lo que empezará a ocurrir al pueblo tehuelche: el gradual abandono de sus cueros de guanaco como vestimenta, la imposibilidad del nomadismo y la reducción de su espacio territorial.  

Comercio y fotografía
La mayoría de los viajeros que se propusieron honestamente convivir temporalmente con los pueblos australes para conocer sus prácticas culturales y estrategias de supervivencia, consideraron a los tehuelches como personas amables y hospitalarias. George Musters o Ramón Lista son algunos de ellos. En cambio, los meros cazadores de oportunidades dejaron impresas en crónicas de viaje su desprecio hacia los pueblos patagónicos.
La experiencia de los tehuelches con los expedicionarios era una oportunidad para obtener un comercio al que aspiraban practicar en los principios de la mutua conveniencia, como indicaba su modo de vida. A cambio de quillangos de guanaco o choique los nativos obtenían yerba, tabaco, alcohol y otros instrumentos cotidianos como pavas y cacerolas. En este sentido se inscribe gran parte de la fotografía “científica” de esta época. Ante la suspicacia que despertaba la cámara fotográfica, los exploradores lograron buena parte de sus documentos por medios del intercambio comercial, aunque en otros casos, la presencia de fuerzas policiales como gendarmería dan elementos suficientes para sospechar el uso de la coerción con el objetivo de forzar las tomas.
Josefa Keta es medida antropométricamente y fotografiada por el investigador Marcelo Bórmida.

Un aliado para estos propósitos fue el intercambio de fotografías por alcohol, fundamentalmente aguardiente. Algunos lo usaban para obtener cueros, tejidos, otros para obtener fotografías, y también estaban los profanadores de tumbas como Henri de La Vaulx que obtenían información de chenques (enterramientos de ancestros) para robar las osamentas.
A propósito, en la obra de Osvaldo Mondelo se toma un fragmento del relato de viaje de Henri de La Vaulx cuando miembros de una comunidad tehuelche se oponían a que les tomen fotografías porque ese artificio generaba temores sobre la duplicidad de la imagen propia:
“¿Para qué, dice, vamos a entregar nuestras imágenes a este joven que quizás sea un brujo y podría más adelante lanzarnos un hechizo? No podemos existir a la vez en dos lugares diferentes, si nuestra imagen aparece representada en un papel sería nuestra muerte segura”.[4]
Las fotografías dejan su testimonio objetivo: los cueros remplazados por tejidos de algodón y lonas plásticas. Los cueros por la indumentaria de gaucho. Y también, las extensas planicies de la Patagonia por tehuelches atrapados entre una cámara fotográfica y las paredes de algún edificio del pueblo de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz, o en Retiro (Buenos Aires). La opresión tehuelche tiene acá una evidencia gráfica. Como sostiene Mondelo, el tiempo marca una aceleración regresiva donde los agentes comerciales dan una batalla importante en el avance capitalista.
A finales del siglo XIX los tejidos han remplazado a los cueros de guanaco en las vestimenta de mujeres. De izquierda a derecha: Sutjal, Filomena Coile, Rosa Amelia Ibáñez, K'oyomerch'e, Téchem. Loóla Ibáñez.

Un pueblo reducido a postales
Específicamente desde lo fotográfico, las dos etapas que marcamos anteriormente (el de indio amigo/indio salvaje) parecería no tener fronteras claras y es plausible de que se hayan dado momentos donde ambas consideraciones convivieran y se optaran distintamente según las necesidades comunicativas de estos autores. En esa línea, la elaboración artificiosa de postales, publicidades y tarjetas en función de las fotografías de tehuelches se dio a lo largo del siglo XIX y principios del XX (aunque al principio fue un fenómeno bastante más intensivo). El carácter exótico se denota fácilmente en la producción visual de la época.
Tehuelches posan con un fondo tropical de fantasía para la tarjeta del show humano de Hamburgo en 1879.
A veces, las tomas fotográficas se intervenían deliberadamente: se coloreaban, se cambiaban los entornos geográficos, etc.
Esta práctica de transformar en postales se tradujo en la generalización de unos supuestos caracteres tehuelches, se quitó todo tipo de individualidad como, por ejemplo, los nombres personales. Claramente se expone esas intervenciones en los epígrafes explicativos que acompañaban las postales:
-          Tehuelches típicos.
-          Indios de la Patagonia.
-          Tehuelche.
-          Mujer tehuelche.
-          Tipo característico de indio tehuelche.
-          Grupo típico de la Patagonia en su tienda de piel de oveja.
-          Un indígena de la tribu tehuelche.
La cultura tehuelche y su descendencia pervive en provincias como la de Santa Cruz en el sur de Argentina. A veces soslayados por discursos dominantes, cuando no elegidos como enemigos predilectos de otros discursos oportunistas. Pero siempre presentes. La cultura tehuelche, viva en las expresiones folclóricas también permanece latente en torrentes sanguíneos de muchos argentinos-chilenos. Desistir de querer encontrar patrones específicos de su ser cultural marca al mismo tiempo las cicatrices pero también la fuerza de un pueblo que a pesar de la violencia y el empobrecimiento deliberado, no dejaron de pisar el cono sur del continente desde los tiempos ancestrales hasta hoy.   
La foto de K'chorro aprovechada como publicidad. Para los fines de extender las estancias ganaderas, relacionar a los tehuelches con el alcohol servía al discurso para enajenarlos de su territorio y cultura.




[1] Mondelo, Osvaldo, Tehuelche, danza con fotos, Akian Gráfica Editora, Buenos Aires (Argentina), 2012.  
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] Ibídem.

16 de noviembre de 2016

Camarones - Chubut

CRÓNICA DE VIAJE
Una pequeñísima localidad de no más de 1500 habitantes estables se esconde justo en la mitad de la larga línea de costa atlántica que tiene la Patagonia. Aquí no llegan los diarios ni las revistas, la programación de radio local es esporádica y sólo algunos pobladores están diariamente atentos a las AM de Trelew para enterarse del pronóstico del tiempo, que de todos modos no es muy preciso para esta partecita sobre el extremo sur de la bahía Camarones.

Aquí, el tiempo como medida del transcurso de la vida, de los hechos y de la materia que ordenamos según los dientes de leche o el número de canas, y el tiempo, también, ese que adjetivamos en función del sol, de la lluvia y del viento, se amalgaman a veces de manera caprichosa, y otras veces se divorcian apasionadamente y cada cual hace con él lo que quiere o lo que puede. En Camarones el tiempo es de transcurso lento y eso por empezar se debe a que la localidad se encuentra alejada de todo. Sí, alejada de todo pero al lado del mar; o menos del mar, como el lector prefiera.

La ciudad más cercana es Comodoro Rivadavia (240 kilómetros al sur) y luego Trelew (250 kilómetros al norte). Pero además, Camarones no forma parte de una arteria de conexión intensamente transitada, pues está corrido a 70 kilómetros de la ruta nacional 3 y para llegar a esta localidad hay que desviarse por la ruta 30 hacia el Este hasta toparse con el océano: ahí se encuentra un puñado de casas de chapas, galpones con techos de zinc a dos aguas, edificaciones antiguas con paredes de piedra y algunas pocas construcciones más modernas, fundamentalmente oficinas de organismos públicos.

El jueves 3 de noviembre, el viento ciclónico de la Patagonia había dejado a Camarones un poco más incomunicado todavía: las ráfagas provocaron un corte de energía eléctrica que afectó al resto de las comunicaciones: no había Internet, telefonía de ningún tipo y hasta cortes de agua por casi 24 horas. Sobre la costa, los contornos de la enorme bahía quedaban ocultos entre las cortinas de tierra que el viento del Oeste empujaba hacia el mar y en la playa las olas golpeaban como cachetadas y hasta levantaban cantos rodados que se iban a estrellar contra el monumento a los españoles y el portugués Simón de Alcazaba. Más que la Patagonia inhóspita, era un paisaje que inspiraría a Dante a la hora de escribir sobre el infierno.  
El viento amainó en la madrugada del viernes y amaneció un día de verano: 30 grados centígrados, una suave brisa de mar y la bahía se transformó en un balneario solitario para paseantes ocasionales. Camarones era ahora un apacible y benevolente pueblo donde alguno podría figurarse en el paraíso,  con miles de orugas que invadían el asfalto prontas a convertirse en mariposas.  

Dos formas de ver
Antes de llegar al pueblo, sobre el empalme de ruta nacional 3 y ruta provincial 30, levantamos a Omar. El hombre había viajado hasta Trelew a buscar un repuesto para su Renault Traffic, modelo 90 de color bordó. Llegó a dedo hasta el cruce donde esperó dos horas sin más reparo contra el viento patagónico que el cartel que indicaba los 70 kilómetros a Camarones. Omar nació en Esquel, una ciudad cordillerana pero también vivió en muchos otros lugares: Trelew y Córdoba de las que no tiene las mejores opiniones, y en la provincia de Catamarca. “Camarones es definitivo, me quedo para siempre”, nos contaba luego de conversar sobre su enamoramiento con este lugar. La cosa fue así: hace cuatro años lo invitaron a pasar un fin de semana, pescar y desde ahí no tuvo retorno: unos días más tarde se vino junto a su esposa y dos hijos a trabajar de tapicero. Para Omar, las ventajas de Camarones son absolutas: “Es tranquilo, no pasa nada. Dejás todo abierto y nadie te roba”, y por si fuera un argumento menor, agrega más sobre su encantamiento: “Querés comer pescado, agarrás la caña y te vas a la costa. Al rato podés estar comiendo milanesas de gallo o róbalo”.

En “El viejo hotel”, un hospedaje antiguo frente a la bahía, nos encontramos con Mario, un marplatense que tras quedarse sin trabajo en Comodoro Rivadavia vino a encargarse del hospedaje en la estiba pesquera, cuando en el pequeño puerto amarran más de sesenta barcos de la flota amarilla y entonces el lugar se puebla de marineros que esperan salir a navegar.
Según Omar, el pueblo revive de junio a octubre, cuando en la estiba “los changos llegan a ganar hasta 130 mil pesos la quincena”, y luego invierten en construcción, se compran autos y camionetas cero kilómetros y dejan “el coche viejo tirado en los patios”. “Los changos invierten bien la plata. Qué con esa plata…”, analiza Omar sin terminar la frase.

Al margen de los cuatro meses de pesca y del trabajo estacional que representa para los locales, el pueblo vive fundamentalmente de la ganadería ovina de las preciadas estancias de los alrededores. Algunas de las mejores tierras están en manos de extranjeros; pero el anhelo de los camaronenses es ir al campo o hacer una rápida fortuna en la pesca. “La cantidad de animales es impresionante. Imaginate que hace 25 días que están de señalada y todavía no terminan”, nos contaba remarcando las eses Omar, antes de llegar al pueblo mientras miraba uno de los campos que con sus casas y galpones resalta en el paisaje de la estepa.

Eso de quedarse para siempre en Camarones no es para cualquiera. El conserje del hotel es un trabajador de la gastronomía, que había llegado a Comodoro Rivadavia con el fin de hacer una diferencia económica y vivir bien en una ciudad que era como Mar del Plata pero un poco más chica. “Camarones es lindo, y lo mejor es que no está contaminado" nos confiesa, pero contempla que hace casi un día que no hay luz, teléfono ni agua y se refiere al tiempo como una armonía monótona, donde es a la vez una medida física pero también un adjetivo: “Aunque es bastante aburridón; a veces no pasa nada, no anda nadie y no hay nada para hacer”.
En cambio, Omar, un hijo adoptivo de este pueblo marino escondido del resto del mundo, Camarones es parte de su fortuna. Actualmente vive en una casa prestada pero espera la suerte de acceder a una vivienda en un barrio que está por construirse. Dos días después de conocerlo, mientras arreglaba la Traffic en su patio, bajo una incipiente y refrescante llovizna, le dije que sabía darse maña con todo. Me respondió con una metáfora, juntando también el tiempo cronológico con el clima ventoso que acostumbran a experimentar: “Para vivir acá hay que saber de todo, así el tiempo pasa volando”, luego hizo una pausa, me miró a los ojos y descubrió una vieja inquietud mía: “Vos me parece que tenés ganas de quedarte”. 
Fotografías de Sujeto Tácito

22 de julio de 2016

Sequía en Chubut - Musters y Colhue Huapi

La agonía de los lagos 
Los habitantes de la región se preguntan: ¿Se puede secar el Musters?
El departamento Sarmiento aporta agua potable a más de 300 mil habitantes. Pero el derroche de la producción agraria y las empresas petroleras sumado a veinte años de sequía pusieron a la cuenca del Senguer en riesgo. El lago Colhue Huapi casi extinto y el otro en camino. Sin embargo el gobierno provincial continua con las obras para repotenciar el acueducto y aumentar la extracción de agua; pero carece de control sobre Pan American Energy, la principal operadora hidrocarburífera.  
Cada invierno el lago retrocede y deja parte del lecho al descubierto
Tome un mapa de Argentina, ubíquese en la Patagonia y preste atención al centro geográfico de la región. Si siguió bien las instrucciones encontrará dos notables espejos de agua que son parte de los diez lagos de mayor superficie del país. Hacia el Oeste está el lago Musters, de importancia social, económica y cultural en la zona sur de la provincia del Chubut; y hacia el Este el lago Colhue Huapi, que en la actualidad presenta un drama ecológico severo de extinción, formación de médanos y voladura de sedimentos por los fuertes vientos que agravan el proceso de desertificación y afecta la salud de las poblaciones ubicadas en la costa atlántica. 
El mapa y la realidad: en la foto satelital el Colhue Huapi evidencia la sequía
Hace un mes, el departamento de Sarmiento fue noticia nacional por encontrarse los restos de un avión en lo que hasta hace algunos años fue un lago. Por un lado la sorpresa de encontrar el aparato que había conformado una gran historia, llena de hipótesis, fantasías y mitos en Sarmiento, ciudad aledaña a ambos lagos. Por el otro, expuso a nivel nacional la realidad del Colhue Huapi y los grupos mediáticos que asistieron al lugar se abocaron a la tarea de encontrar una explicación rápida, simple y verosímil de lo que está pasando. Pero la realidad no parece ser tan simple ni monocausal.

Un río, dos lagos, cuatro ciudades y un acueducto
Hasta la primavera, los brazos del Senguer permanecen secos
La cuenca del Senguer incluye además el río homónimo, que nace en la cordillera y recorre en Chubut un trayecto de 350 kilómetros en declive hacia el Este. Antes de que el río aporte agua a los dos lagos, abastece de agua potable a las localidades de Senguer y Facundo, y además es utilizado por desvíos artificiales en un  sistema de canales para regar el área agrícola del departamento Sarmiento por un total de 42 mil hectáreas. Cuando el río desemboca en el primero de los lagos (el Musters) el manejo del agua se hace más complejo: un doble acueducto de más de 50 años (en actual obra de repotenciación) extrae 213 mil metros cúbicos de agua al día para alimentar a cuatro localidades, pero además para abastecer a los yacimientos petroleros del departamento Sarmiento y Escalante. 
Ahora, además del drama de actual desaparición del lago Colhue Huapi, se plantea la inquietud de si es posible que ocurra lo mismo con el lago Musters. “¿Se puede secar el lago Musters?”, se empezaron a preguntar los habitantes de la cuenca.
Lo primero que hay que informar es que a pesar de su cercanía espacial, el Musters y el Colhue Huapi son dos espejos de agua de naturaleza muy diferentes. El Colhue Huapi posee una extensión lacustre (llegó a tener más de 800 kilómetros cuadrados siendo el tercero de mayor magnitud en el país) pero su profundidad se parece más a una laguna (no supera en promedio el metro de profundidad) y el lecho es gredoso lo que hace que el espejo de agua se vea del color del sedimento suspendido. En cambio el lago Musters es una cuenca que llega a tener una profundidad de cerca de 40 metros, el agua es cristalina y además de aportar agua potable es un lago valioso por las actividades recreativas, la pesca artesanal y el entorno paisajístico que lo rodea.

Lo normal, lo preocupante y lo grave

Área rural de Sarmiento
Lo normal es que en invierno el lago Musters baje su nivel de agua en función de las pocas precipitaciones pero sobre todo porque en la cordillera recién se están esperando las grandes nevadas que van a estar congeladas hasta el calor de la primavera. Año tras año lo normal es que en invierno baje el nivel de los lagos y en primavera recuperen su cota normal o incluso la supere (todo dependiendo de la cantidad de nieve que se precipite en la zona de Sarmiento pero fundamentalmente en la cordillera).
Lo preocupante es la cantidad de años en el que el diagnóstico no es otro que de una sequía severa que ha redundado en un avance de la desertificación, principalmente en la zona aledaña al Colhue Huapi. Se estima que en 20 años este lago perdió la mitad de su extensión, y el viento del Oeste ha llevado la arena del otrora lecho lacustre hasta la ciudad de Comodoro.
Y por fin, lo grave está en los mensajes que bajan desde el Estado provincial, los poderes públicos y organismos de control y empresas que manejan el recurso. A las campañas de racionalidad del agua se le suman las manifestaciones a favor de medir el consumo por hogares, colocando medidores e incluyendo una cuota diferenciada según el gasto. Esta medida no sería en principio ni proporcional y muchísimo menos humanitaria: mientras se analiza controlar si los habitantes de las cuatro ciudades se toman una ducha en cinco minutos o en veinte minutos, las empresas petroleras siguen inyectando agua potable en pozos agotados para sacar hasta el último centímetro cúbico de crudo, con deficientes controles o con total connivencia de la cooperativa prestadora del servicio de acueducto y del Estado provincial.
La coartada publicada por la empresa petrolera –siempre en gacetillas de prensa pero bajo ninguna prueba ni veedor externo—es que no utiliza agua dulce para la técnica de recuperación secundaria y que solo capta el 0,65 por ciento de la capacidad de extracción del acueducto. Sin embargo, el contrato firmado se plaga de grises legales y los números que ofrece la empresa no cierran, resultan poco creíbles.

Un acuerdo espurio
Fragmentos del pacto de confidencialidad entre Pan American Energy y SCPL
En la actualidad, Pan American Energy, principal operadora de petróleo de la región, goza de un contrato con acuerdos de confidencialidad en el uso del agua potable. Firmado en el 2014 y vigente hasta este año, se estipularon al menos tres puntos suspicaces.
Primero, la cooperativa se compromete a aportar a la explotación petrolera de Pan American un mínimo de 650 metros cúbicos y máximo de 2 mil metros cúbicos diarios de agua potable. Sin embargo, se reservan el derecho de “reprogramar” la cifra en función de las necesidades eventuales según “común acuerdo” y permiso de la “Autoridad competente”. Esa autoridad competente no sería otra que el Instituto Provincial del Agua (IPA) del gobierno de Chubut, que como más abajo veremos carece de acceso al manejo del agua y del acueducto que hacen la cooperativa y la poderosísima Pan American Energy.
El segundo punto controversial es que la cooperativa se compromete a no interrumpir el servicio de agua potable a los yacimientos bajo ningún motivo, lo cual ya pondera la extracción de crudo por encima del derecho de las personas que habitan la zona sur de Chubut y norte de Santa Cruz: los cortes de agua en las cuatro localidades son recurrentes.
El tercer motivo y quizás de mayor intranquilidad social es el artículo de confidencialidad que acordaron ambas empresas. El artículo 11 del contrato dice: “La COOPERATIVA, su personal y en su caso los Subcontratistas autorizados por la EMPRESA y el personal de éstos, manejarán con absoluta y estricta confidencialidad toda información vinculada directa o indirectamente a la EMPRESA y/o sus operaciones a la que tengan acceso con motivo o por ocasión de la prestación del Servicio, y no podrán revelar nada de lo contenido en dicha información confidencial a persona alguna, sin el consentimiento expreso y por escrito de EMPRESA”.
El lago Musters aporta agua potable a 300 mil habitantes de Chubut y Santa Cruz
Seguidamente, las partes del contrato justifican tal prerrogativa por lo sensible que es el manejo del recurso hídrico dentro de una economía extractiva y dolosa como es la petrolera: “Las Partes reconocen que la Información Confidencial es esencial para sus negocios y que podrían sufrir un daño irreparable en caso de divulgación de la Información Confidencial en contravención a lo establecido en la presente”, reza el escandaloso contrato firmado por Pan American y la cooperativa SCPL.    
Por tratarse de un recurso natural elemental para la reproducción de la vida en las poblaciones del centro de la Patagonia, tal acuerdo sería no sólo una afrenta social y política al Estado provincial, sino también un privilegio ilegal, un ítem de nulidad absoluta en el contrato. No obstante, el Estado no sólo parece tener las manos atadas en el control del uso del agua por parte de las operadoras, sino tampoco la capacidad técnica y fundamentalmente la voluntad de oponerse a las poderosas compañías petroleras. En el año 2015, el entonces titular del IPA quiso saber cuántos metros cúbicos y para qué los utiliza la petrolera Pan American, delatando que hasta ese momento carecían de información y también carecían de tal inquietud.

50 años de acueducto
La obra de repotenciación del acueducto estará finalizada antes del 2017
Desde el año 1965 que el lago Musters está conectado con las ciudades de Sarmiento y Comodoro Rivadavia para proveerles de agua potable. Al mismo tiempo se conecta el yacimiento petrolero Cerro Dragón, que en la actualidad es el principal productor de hidrocarburos convencionales del país. Este primer acueducto tiene capacidad de captación de 55.200 metros cúbicos por día, lo cual con el aumento de las poblaciones del sur de Chubut, la necesidad de proveer de agua potable a la localidad santacruceña de Caleta Olivia y la expansión de la explotación petrolera se hizo insuficiente.
Así, en el año 1999 se terminó el segundo acueducto con una capacidad de captación adicional de 110 mil metros cúbicos por día.
Sin embargo, nuevamente se hizo poco. En la actualidad se está construyendo una obra por 340 millones de pesos que la han denominado como “repotenciación” del acueducto con el fin de incrementar en 48 mil metros cúbicos diarios más la captación de las aguas del lago Musters. En total para fin de año se planificó extraer 213 mil metros cúbicos de agua al día que se suma a lo que previamente se desvía del río Senguer para el riego en áreas rurales.  
Mientras tanto, cada vez que baja el nivel de reservas de agua potable, Comodoro Rivadavia, la segunda ciudad más habitada de la Patagonia, junto a Rada Tilly y Caleta Olivia tienen que soportar cortes programados y a veces repentinos del servicio. Desde el 2014 hasta este año, los cortes en las ciudades se incrementaron en un 600 por ciento. Desde el gobierno provincial aseguran que la nueva obra del acueducto será la solución pero la problemática de los lagos, verdadera cuestión de fondo, por ahora no tiene respuesta.



Versión del diario Tiempo argentino
Para ver el reportaje fotográfico completo hacé click acá.

18 de noviembre de 2015

Violencia policial en Chubut

LA COBERTURA DEL JORNADA Y EL CHUBUT ANTE LA MOVILIZACIÓN DE LOS POLICÍAS CONDENADOS

El periodismo y sus encrucijadas
Jornada se convirtió en vocero del "malestar" policial
La violencia policial es uno de los temas más urgentes de la democracia, y por cierto desde 1983 hasta la fecha ningún gobierno ha avanzado sobre este lastre de plomo que tiene raíces en una sanguinaria tradición: represión a los sectores obreros-sindicales y a los jóvenes y estudiantes en todo el siglo XX pero fundamentalmente en la última dictadura. El gatillo fácil y las variantes de violencia de las fuerzas policial 
es es hoy un tema tabú para la clase política pero también para los medios de comunicación que algunos llaman “hegemónicos” y otros “del sistema”. Para tratar de romper el consenso tácito sobre esa idea del “Algo habrán hecho” con el cual se justificaban los peores tormentos o desapariciones y que aún está vigente, El extremo Sur entrevistó a María del Carmen Verdú, abogada de la Comisión contra la Represión policial (CORREPI), Fabián García miembro de la Comisión contra la Impunidad en Trelew y a la docente de Comunicación Social de la Universidad de la Patagonia, Ana Mariel Weinstock, para tratar de ayudar a pensar el rol y las prácticas del periodismo frente a este accionar criminal de la policía que tiene como principal víctima a pibes de los sectores urbanos periféricos.

La campaña duró varias semanas e incluyó desde la cobertura de manifestaciones, anticipos y hasta largas entrevistas a página entera o doble página
Luego de las condenas a los agentes que mataron a Julián Antillanca en el año 2010, familiares y amigos de los condenados (incluso condenados con prisión en suspenso como el ex comisario Carlos Sandoval) se movilizaron por Trelew y Madryn exigiendo revertir el fallo del tribunal y por otro lado enviar un mensaje a la Justicia y a las instituciones: Chubut registra una decena de casos de violencia policial, muertes sospechosas y tormentos en comisarías que aún esperan ser juzgados; por eso mismo miembros y allegados a lo que denominan la “familia policial” desean condicionar la continuidad de los juicios.
En ese marco, los dos principales diarios del noreste de Chubut dieron una generosa cobertura y replicaron frases como “enojo en la policía”, lo que sin hacer muchas cuentas tiene un claro mensaje mafioso para que lean jueces y responsables políticos encargados de juzgar y dirigir las fuerzas de seguridad. A nadie se le escapa lo que significa el “enojo” de un sector como la policía siendo que tiene el monopolio de la fuerza del Estado. Además, ningún otro tipo de condenado por un tribunal ordinario goza del beneplácito mediático como tuvieron en este caso los cuatro policías que mataron a Julián Antillanca. En ese sentido, tanto Jornada como El Chubut presentaron los hechos con un matiz indulgente que por lo menos condiciona la construcción de una Justicia igualitaria y deja cautiva a las instituciones democráticas ante el poder de represión que tienen las fuerzas policiales.

El tratamiento de El Chubut fue más que indulgente con los condenados
La “objetividad”: lo ideal, lo real y lo posible

En síntesis, además de una marcha en Trelew acompañado de pintadas y pasacalles en las tres principales ciudades del noreste chubutense, la movida de sectores afines a la policía incluyó el acompañamiento de los diarios El Chubut y Jornada: no sólo en anticipar la convocatoria y cubrir las manifestaciones con una ubicación, fotografías y espacio de privilegio en las ediciones impresas, sino incluso replicando en redes sociales e incluyendo una extensa entrevista a Carlos Sandoval, quien era el jefe de la comisaría cuando mataron a Julián Antillanca y sobre quien pesa una condena en suspenso por encubrir el crimen.
El Chubut omite en el epígrafe que en la marcha había un policía con condena en suspenso por la muerte de Julián Antillanca (Carlos Sandoval, en el círculo rojo).
La primera pregunta que surge es si la pretensión de objetividad que tiene el periodismo es una justificación para equilibrar a la víctima junto a sus verdugos, sin contextualizar y sin repudiar la violencia cometida por un funcionario del Estado. En ese sentido, para María del Carmen Verdú, abogada que representa a CORREPI en numerosos juicios de gatillo fácil, la enorme visibilidad que obtienen las fuerzas policiales organizadas y movilizadas no es casual, sino que obedece a la política editorial de los medios “del sistema”: “Chubut no es una isla: en muchísimas ocasiones se han organizado ese tipo de marchas de apoyo a represores, y siempre tienen una cobertura envidiable”, y agregó como ejemplo un contrapunto: “No creo que para los jefes de redacción sea un problema moral o ético darles visibilidad o no, como así tampoco lo es cuando deciden silenciar las luchas”.
Por su lado, la docente Ana María Weinstock liga el concepto del ideal de libertad de expresión con la “teoría de los dos demonios”. “Esto es un coletazo de una idea colectiva, sedimentada que consiste en equiparar subversión con Estado represivo y que hoy de otra manera continúa. Entonces ahora también hay dos extremos equiparables y eso siempre depende de cómo marques la cancha porque en base a esa teoría te sirve para justificar la represión cuando en realidad no son equiparables, de ninguna manera”, analiza Weinstock sobre la división entre policía represora y las victimas como Julián Antillanca.
Además, Fabián García, miembro de la Comisión contra la impunidad de Trelew cree necesario marcar la diferencia entre lo ideal y lo que realmente pasa día a día en una redacción como así también diferencias al periodista redactor y a los responsables editoriales de los medios de comunicación. Según García, los redactores están condicionados no sólo por su carga laboral (en los medios de comunicación de Chubut las reducidas plantillas de periodistas no permite que un redactor pueda especializarse en un tema, investigar a fondo ni hacer la continuidad de un acontecimiento), además de las relaciones institucionales que los mismos periodistas y sobre todo los editores tienen con responsables policiales: “El periodista previamente le debe favores a la policía, desde un off the record hasta una llamada oportuna avisándole que se va hacer una detención importante. Digamos, hay un montón de elementos que atetan contra el periodista al momento de ejercer su profesión. Está sesgado por la relación previa que tiene y que necesita para poder continuar la semana que viene con otra noticia”. Incluso García sostiene que no hay que perder de vista que es práctica común que jefes policiales visiten a editores en la redacción, lo cual la relación en términos periodísticos se vuelve más turbia.    
Jornada y El Chubut sostuvieron la campaña de los policías organizados

De todos modos, para Weinstock es necesario replantear que el ideal de objetividad y de incluir todas las voces tiene que ser limitado en función de los valores positivos que aporten socialmente. “Esta concepción de objetividad está basada en que todos los individuos que formamos parte de la sociedad tenemos los mismos derechos incluso el de aparecer en un diario. Tomado así en abstracto puede sonar lógico pero la realidad social funciona de manera diferente: porque no tendrías ese derecho si mataste, torturaste, es decir no tendrías que tener el mismo derecho de aparecer en el espacio público”, explicó la docente y respecto a los medios analiza que es esperable que decidan “no tratarlo a un criminal como un igual, como cualquier otro ciudadano”.
Desde CORREPI la visión que tienen es que el Estado y los medios de comunicación son parte de un sistema donde la represión es útil para mantener el orden vigente; por eso Verdú recalca la idea de que lo que hacen los medios no obedece a condicionamientos ni a una impericia, sino que son parte de ese “discurso oficial”. “Los medios de comunicación del sistema (hegemónicos o no) son la caja de resonancia del discurso oficial, reproducen y amplían la línea que baja de los que mandan”, y eso se manifiesta no sólo en los temas que imponen como opinión pública” lo que en realidad es “opinión publicada”, sino en la construcción de sentido: “Cuando un diario habla de un chico de un barrio pobre, del hijo de un trabajador que es víctima de un fusilamiento, sistemáticamente lo llama “el menor”. “Menor” es equivalente a “persona de menos de 18 años en conflicto real o presunto con la ley”. En cambio, si el pibe en cuestión es el hijo de “alguien” (un empresario, un político, un profesional), lo van a llamar “el chico””, explicó la abogada.   

Las notas fueron a veces a doble página o incluso con dos fotografías a color
La lupa sobre las prácticas periodísticas

Los medios de comunicación alternativos ganan cada vez más lectores pero la hegemonía de los grandes grupos empresarios que tienen sus usinas mediáticas siguen ganando la batalla por imponer los temas de agenda pública, lo que Verdú explicaba más arriba como la diferencia ente “opinión pública” y “opinión publicada”, y que se relaciona con la teoría de la Agenda setting: los medios de comunicación no tienen poder de decirnos cómo pensar, pero sí en qué temas pensar. Sin embargo, lo que sí logran imponer los medios alternativos es levantar el piso de la calidad periodística, obligan a los medios tradicionales a multiplicar las voces y replicar verdades que los periodistas autogestionados hacen público.
En ese escenario, se propuso pensar a los entrevistados cómo el periodista puede empezar a sortear obstáculos que atentan contra la profesión. Para la representante de CORREPI, los medios alternativos son el ejemplo a seguir sobre qué hacer ante los casos de violencia institucional: “Simplemente decir la verdad, como lo hacen a diario los medios alternativos de comunicación, y como lo intentan infinidad de trabajadores de prensa que se esfuerzan por influir sobre los contenidos y a veces logran filtrar alguna información”, puntualizó Verdú.
En cuanto a prácticas concretas, Weinstock sostiene que una de las ideas a vencer es la “ideología dominante”, donde los periodistas ante un hecho de violencia recurren casi con exclusividad a las fuentes policiales y muy pocas veces a los familiares. En ese sentido, Fabián García, de la Comisión contra la impunidad, explicó que  cuando un periodista tiene contacto con un familiar de la víctima se da “casi siempre cuando el familiar va a la redacción a pedir una nota; cuando va para quejarse del accionar policial, recién ahí aparece la voz de ellos”. Sobre este punto, Weinstock propone que lo que hay que vencer son los prejuicios que arrastramos porque nos lleva a pensar que “la culpa fue del villero y pobre, no hay discusión a esa culpa a priori porque es lo más “normal”, nos hacen creer eso”.
Similar es el planteo que hace María del Carmen Verdú, aunque desestima que la preferencia de la fuente policial sea por una simple comodidad o prejuicio inconsciente: “Es mucho más fácil, para el periodista acceder a la familia o a la organización que lucha contra la violencia policial. Sin embargo, como venimos diciendo, la fuente policial es la que se impone, lo que no es simplemente una práctica que se arrastre por inercia, sino una posición política de los medios”.

La apelación a la convocatoria como "nutrida" o "Gran concurrencia" iba a beneplácito del propósito político de los organizadores
La difusión de los condenados

La difusión de los medios de la zona sobre los reclamos de policías condenados por la muerte de Julián Antillanca (y en el contexto de otros casos como el de Mauro Castaño que murió por las quemaduras tras un incendio provocado en su calabozo de Trelew luego de ser detenido por una contravención, o el de Iván Torres que desapareció en el año 2003 luego de ser detenido en Comodoro Rivadavia) no es un privilegio discutible solo por la calidad del espacio que se les asigna (en primera plana, páginas principales o a doble página color y con varias fotografías), sino también por un lenguaje que roza la indulgencia a quienes son encontrados por parte de un tribunal de Justicia ordinario responsables de un crimen cometidos como funcionarios del Estado.
“Si en ese caso vos no estás dando el dato de que es alguien que mató, torturó o que tiene una sentencia firme donde se demostró eso, como periodista estás faltando a la objetividad, estás omitiendo un dato de importancia que cambia la significación de la escena”, explicó Weinstock. Para María del Carmen Verdú, la cuestión de fondo es comprender que los medios de comunicación “del sistema” tienen una política afín a ser condescendientes en este caso con los miembros de la fuerza pública aun sean criminales: “En definitiva, son la correa de transmisión de un mensaje que comparten”.     

22 de octubre de 2015

Espionaje en Chubut

SOSPECHAS DE CONNIVENCIA ENTRE EL PODER JUDICIAL, LAS MULTINACIONALES Y AGENTES DE INTELIGENCIA
Las luchas populares y vecinos bajo la mira de los servicios secretos
Nota en El Extremo Sur, septiembre de 2015, edición N° 154

El espionaje a ciudadanos de Esquel no generó sorpresa; pero si diseminó el miedo entre los vecinos de la ciudad y otros pueblos de la cordillera chubutense. La mezcla de espionaje ilegal por parte de servicios de inteligencia del Estado sumado a funcionarios judiciales que buscan acusar en el marco de la Ley antiterrorista el reclamo de las comunidades mapuches sobre las tierras de propiedad jurídica de la familia Benetton forman un cocktail que tiene reminiscencias de los peores años de la historia reciente del país. Entre todas las preguntas que surgen ahora hay dos que predominan en la escena: fundamentalmente se quiere saber quién ordenó el espionaje a civiles o en todo caso saber si los organismos de inteligencia –aún a pesar de los cambios del último año con la desintegración de la nefasta SIDE—se manejan en una órbita de autonomía donde el poder político no alcanza a pedir explicaciones; y segundo determinar qué tipo de relación o connivencia tienen funcionarios judiciales con los servicios secretos.
La lista de 22 personas espiadas no conforma un documento trascendental en términos de “inteligencia” y no serviría para hacer ninguna novela del género: datos anecdóticos con referencias cargadas de prejuicios xenófobos o descripciones de roles en asambleas populares que cualquier persona que participe en una reunión podría advertir forman el “fichaje”. Sin embargo la cuestión está en la violación concreta a las garantías constitucionales y la falta de apego de las estructuras del Estado a los procedimientos legales: tanto la estructura de inteligencia como parte del Poder Judicial están en la mira. Entre los espiados figuran periodistas, docentes, médicos, comerciantes, empleados públicos y miembros de una FM local, pero el único factor común que une a todos ellos es la participación activa en las asambleas y luchas populares que se dan en la zona norte de la cordillera chubutense.
En ese escenario, los asambleístas del No a la mina y las personas que han participado en distinto grado en la toma de una parte de los campos de Benetton por parte de comunidades mapuches se mueven con suspicacias ante las consultas de medios de comunicación de todo el país. Uno de los vecinos espiados, Humberto Kadomoto, quien ha participado en la asamblea antiminera desde los inicios, aseguró a este medio que en Esquel aun no tienen muchos detalles sobre los motivos del espionaje y que los vecinos evitan hacer presunciones, pero sí confirmó que las sospechas de que son espiados viene al menos desde el año 2002 (es decir, cuando la lucha antiminera estaba comenzando e incluso desde antes de la consulta popular que rechazó por casi el 83 por ciento la instalación de un emprendimiento minero en Esquel).
Respecto a la connivencia entre el Ministerio Público Fiscal y las empresas multinacionales que tienen interés en la región, Kadomoto es concreto al marcar las diferencias que los fiscales hacen cuando llega a mesa de entrada una denuncia realizada por los vecinos autoconvocados o lo hace una empresa como puede ser una minera o la propia firma Benetton: “La fiscalía siempre archivó las denuncias de los vecinos” y luego opinó que a fin de cuentas “el poder económico maneja todos los estratos del gobierno y de la justicia”.    

LAS FICHAS SALEN A LA LUZ

Las fichas realizadas por un agente del servicio de inteligencia donde especificaba nombres, profesiones, fotografía y función dentro de las asambleas populares estuvieron en poder de la fiscalía de Esquel desde el día 28 de mayo; pero recién se supo de ellas, y de forma casi accidental, a fines de agosto, cuando el defensor público Fernando Radziwilowski dio con el archivo digitalizado en una de las máquinas de la oficina judicial.
La coartada de los fiscales Rivarola y Révori, a cargo de la investigación por la causa Mapuche/Benetton fue por un lado reconocer la existencia del archivo y pedir que se libere de la protección de identidad al espía, y por otro lado asegurar que la información fue aportada “espontáneamente”. Sin embargo, El extremo Sur confirmó con fuentes judiciales que nadie que aporte algún tipo de documento a la fiscalía para ser utilizada en una causa judicial puede ser exceptuado de ser identificado y dejar constancia de qué tipo de documentación acerca, forma parte del procedimiento normal. En ese caso, las únicas vías de interpretación ante la falta son dos: o estamos ante una mecánica de ineptitud de los funcionarios judiciales o hay connivencia entre los fiscales, servicios de inteligencia y las multinacionales interesadas.
La demás legislación sobre protección de agentes del servicio secreto del Estado debe ser relevado por orden judicial, aun así la Constitución Nacional prohíbe expresamente ser víctima de espionaje u hostigado por su forma de pensar o actividades que no prohíbe la ley, como la participación política. Pero en el entramado que significa el Estado nacional y provinciales, que además de la secretaría de inteligencia que tiene su acerbo ideológico en los años 60-70, están las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales y sumadas a las fuerzas armadas, el espionaje interno que está prohibido se delata como una práctica discrecional que pocas veces sale a la luz.

LA PELEA DE FONDO

En abril de este año un grupo de personas de comunidades mapuches ingresaron a tierras bajo alambrado en la zona de Leleque y que tienen como propietario legal a la firma que pertenece a la familia Benetton (el conocido magnate italiano que posee en toda la Patagonia más un millón de hectáreas en la cordillera y precordillera). La comunidad mapuche se ampara en leyes nacionales e internacionales que protegen su derecho a recuperar las tierras ancestrales. Por su parte, la firma textil italiana inició una causa judicial que mantiene en litigio por un lado por el tema de la toma de las tierras en particular y segundo se tiene que definir la cuestión de fondo: si pesa más el interés privado de una multinacional y una familia latifundista, o la razón de los pueblos originarios y su interés de vivir en tierras con un sistema de economía comunal.
El lof en Resistencia de Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo que se adjudica la recuperación de tierras aseguro que actuaron bajo el imperio de la falta de respuestas a sus pedidos y la existencia de tierras que en manos de empresas extranjeras permanecen improductivas.
Desde que las comunidades mapuches iniciaron su proceso de recuperación la situación siempre estuvo cargada de conflictos: a actos policiales intimidatorios en cortes de ruta llevados a cabo simultáneamente a la toma de tierras se le sumó las tareas persecutorias a vecinos que se solidarizaban. Es en el marco de ese tejido de solidaridad que se inscribe las tareas de espionaje ilegal que se conocieron en las últimas semanas.

LEY ANTITERRORISTA Y CAMBIOS EN INTELIGENCIA

La persecución ilegal a los vecinos de Esquel se inscribe en un contexto más amplio: por un lado la Ley Antiterrorista que la fiscalía de la ciudad cordillerana busca aplicar en el caso del litigio Mapuches contra Benetton; y por otro lado el escenario de disputa que se da en los órganos de inteligencia del Estado nacional y que por propia naturaleza pocas cosas salen a la luz y son de dominio público.
La Ley Antiterrorista es una reforma del Código Penal que se sancionó en el año 2007 y fue duramente criticado por sectores progresistas y de izquierda. En ese momento se acusó al gobierno de Cristina Fernández de llevar adelante una medida antipopular y que sólo tenía como fin agradar a los organismos internacionales.
Si bien la excusa es que su espíritu está para controlar las especulaciones financieras, los términos vagos de la ley permite que cualquier tipo de lucha popular pueda ser circunscripta bajo esta figura. Lo que estipula estos artículos es cambiar el fuero federal por delitos penales comunes en caso  de que “hubiere sido cometido con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo” y duplicar automáticamente las penas.  
Luego, la actuación del agente de inteligencia no puede deslindarse de la desintegración que se dio este año con la SIDE y preguntarse hasta dónde el gobierno nacional puede modificar la naturaleza de una agencia que nació para combatir lo que los gobiernos autoritarios llamaron “enemigo interno”. En enero de este año se disolvió la enigmática agencia donde agentes relacionados con la triple A y la última dictadura manejaban el organismo a discreción de los gobiernos democráticos.
Hoy, la nueva secretaría a cargo de Oscar Parrilli, hombre de confianza de la presidenta, tiene a cargo a quien efectuó el espionaje contra los vecinos de Esquel, que aunque no fue revelada su identidad desde el mismo juzgado reconocen que pertenece al organismo. Por otro lado, los asambleístas de la cordillera aseguran tener filmado al agente, lo que de alguna manera sería un material insustituible no sólo para terminar con estas prácticas intimidatorias sino también para develar cómo funcionan estos agentes que tienen por fin intimidar a los ciudadanos y de alguna manera condicionar la vida democrática.